Es venezolano. Tiene 23 años y recaló en España tras huir de un paÃs ''que se muere de hambre, donde no hay alimentos y cuesta encontrar medicinas''. Actualmente, vive en València y su historia es la de muchos otros inmigrantes que han llegado en busca de un trabajo para encontrar una vida mejor y poder ayudar a sus familiares, ''atrapados en un paÃs destrozado, sin presente y sin futuro''. Pero en España Jesús ha encontrado otro infierno: el de la prostitución.
''No puedo encontrar un trabajo en condiciones porque estoy en situación irregular todavÃa. He tratado de ir a coger naranjas, pero me pagaban 20 euros al dÃa, trabajando 10 y 12 horas. Ni siquiera con lo que ganaba podÃa pagarme el alquiler de la casa que comparto, comer y ayudar a mis padres. También he intentado cuidar a alguna persona mayor o limpiar una casa, pero al saber de mi situación complicada, me pagaban a menos de 5 euros la hora, por lo que también me resultaba imposible mantenerme. Al final, opté por dar masajes y de ahà pasé a la prostitución. Pero es durÃsimo, no lo hago con gusto, sino forzado por las circunstancias. Yo lo que quiero es acabar mi carrera de Derecho, aprender idiomas y trabajar como una persona normal, como alguien que tiene inquietudes, pero estoy en un bucle infernal. Si no tengo experiencia, nadie me va a hacer una oferta de trabajo, que me permitirÃa conseguir la residencia. Y sin residencia, nadie quiere ofrecerme un trabajo. Asà que no me queda otro remedio que seguir prostituyéndome'', señala a El Periódico de AquÃ.
El único apoyo que recibe es el de Casa Caridad, donde ha conseguido empadronarse para tener al menos una mÃnima cobertura, lugar al que acude a diario a comer. ''Voy todos los dÃas y estoy muy agradecido, pero realmente es muy duro que a mi edad y con ganas de estudiar y trabajar, esté en una situación tan denigrante''.
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