En la puerta de la iglesia. FOTO EPDA
El alcalde pedáneo de El Palmar, el joven Ignacio Aleixandre, emocionado. FOTO EPDA
Alberto Fabra junto a Ignacio Aleixandre y Alfonso Grau. Detrás, Filibert Prats. FOTO EPDA
Varias personas en barca. FOTO EPDA
Un joven en la procesión. FOTO EPDA La procesión del Santísimo Cristo del Palmar este año se ha vestido de
gala. Las primeras autoridades valencianas se han dado cita en esta hermosa pedanía
de Valencia. El joven alcalde Ignacio Aleixandre ha estado acompañado por el
Molt Honorable President de la Generalitat Alberto Fabra, el Molt Excellent
President de les Corts Valencianes Juan Cotino, la Honorable consellera de
Agricultura, Pesca y Agua Maritina Hernández, el Alcalde de Valencia (ya
que doña Rita Barberá está de vacaciones) Alfonso Grau, la diputada Maria José
Puchalt, el diputado provincial Toni Gaspar y alcalde de Faura, el
concejal de Pedanías, Devesa y Albufera Vicente Aleixandre, así como todos los alcaldes pedáneos y los alcaldes de Albalat de Tarongers Filiberto
Prats y el alcalde de Gilet, Juan Carlos Vera.
Al sacerdote de la población don Gonzalo, lo acompañaba el Vicario General don
Vicente Fontestad, quien desde la barca en el centro de la Albufera, a los pies
del Santísimo Cristo de la Salud, ha exhortado a los pasajeros de las más de cuatrocientas
barcas, con hermosas y profundas palabras nacidas del corazón a la luz del
evangelio leído en las aguas de la Albufera.
El
paseo en barca por las aguas de la albufera constituye un privilegio para los
más de cuatro mil visitantes que inundan El Palmar la tarde del 4 de agosto, convirtiéndose
esta procesión en una importante manifestación de piedad popular y veneración
al Santísimo Cristo de la Salud del Palmar, sin duda uno de los actos religiosos más hermosos del mundo. Los incesantes gritos ahogados en lágrimas
¡Vixca el Cristo de la Salud! son la constante a lo largo de toda la vuelta.
El
Cristo sobre las aguas de la Albufera, acompañado por la banda de música, las falleras
mayores de Valencia y sus cortes de honor, las falleras del Palmar y todos
aquellos que luchan por acercarse a la barca de la presidencia hacen de ese
momento una vista inigualable en el lago valenciano. El sol ilumina la tarde,
los rayos doran las aguas, y las barcas mecidas sobre las dulces aguas hacen
que le Palmar ofrezca esa escena de amor y pasión hacia su venerado patrón.
El
que jamás ha visto este atardecer, debe plantearse que la gloria del cielo se
puede admirar en la tierra. Una vez vuelve el Cristo al pueblo se dispara una
estruendosa mascletá, y por las calles repletas de gentío acude nuevamente al
corazón del Palmar, en esa plaza ensanchada por el amor de los congregados se
vive el último eslabón de la cadena antes de que anochezca. La música
interpreta el himno al Santísimo Cristo de la salud, y todo el pueblo corea a
voces “donde se encuentre un hijo tuyo en los cuatro puntos de la tierra,
estará junto a ti, en el día de tu fiesta, porque se siente añoranza de estar
en esta tierra, en este Palmar bendito que al Salvador venera, ¡Señor danos
amor, Señor danos la Paz, Señor Bendice a tu pueblo! “
Así
transcurrió la fiesta del Palmar, fiesta gozosa donde las haya, fiesta grande
de Valencia. Nuestras primeras autoridades gozaron en el Palmar, y el Palmar,
el pueblo llano de las barracas, de cañas y barro, estuvo fiel y respetuoso con
aquellos que año tras año acuden a venerar la sagrada imagen del Santísimo
Cristo del Palmar.
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