El entrevistado, en un momento de la conversación. / Foto y vídeo: Jaime SorianoEn el sexto capítulo del nuevo podcast de El Periódico de Aquí, Aquí Podcast, nos adentramos en un lado más personal del alcalde de Sagunt, Darío Moreno. En esta entrega, Moreno se sincera sobre su día a día al frente del municipio, la presión de estar siempre disponible para la ciudadanía y los retos de liderar una ciudad en plena transformación, incluida la llegada de la gigafactoría. En anteriores capítulos, Aquí Podcast ha contado con entrevistas a figuras como Carmen Morales, hija de Rocío Dúrcal, o Lucía Casani, participante de OT 2025.
Pregunta: ¿Cómo es gestionar un municipio de más de 70.000 habitantes?
Respuesta: Ahora mismo ya estamos casi en 75.000. Depende un poco de cómo se lo tome cada uno. Tu personalidad imprime carácter al cargo. Dijimos desde el principio que queríamos ser un equipo de gobierno muy accesible y yo me lo he tomado como una prioridad. Eso implica querer dar siempre respuesta a la ciudadanía y, a veces, puede convertirse en una moneda con dos caras, ya que muchas veces no puedes vivir momentos de intimidad dentro del municipio.
Me pasa que puedo estar tomando algo con amigos o cenando con mi marido y que la gente se acerque a comentarte cosas del trabajo; la inmensa mayoría de veces lo hacen de manera muy bienintencionada, pero resulta complicado si estás intentando desconectar. No pasa nada, porque es un trabajo tan vocacional que lo hago encantado, pero a largo plazo, psicológicamente, puede acabar quemando.
¿Qué haces para desconectar?
Desde hace años estoy en un club de natación. Dentro del agua no puedo llevarme el móvil ni es habitual que alguien te pare. Luego di un paso más, nadando en el mar, algo que me da mucha paz. También hacemos alguna salida a la montaña con mi marido. Además, juego a videojuegos, que muchas veces son casi una realidad paralela y me sirven para abstraerme.
¿Te para mucha gente por la calle?
Mucha, mucha. No lo digo como algo de lo que estar orgulloso, simplemente es que es cierto. Es verdad que desde el principio hemos querido seguir una línea comunicativa potente porque consideramos que esa es una forma de acercarnos a la ciudadanía. Somos un equipo muy transparente y me he tomado muy a pecho dar respuesta a los vecinos, tanto en el plano físico como en redes sociales. Es muy bonito, en realidad. La inmensa mayoría de la gente valora muy positivamente nuestras acciones y me pregunta cosas por la calle con toda la legitimidad del mundo. Y yo, encantado, porque tengo claro lo que es el servicio público. Eso sí, vivo a tres minutos del Ayuntamiento y nunca tardo solo ese tiempo.
¿Quién era Darío antes de entrar en la política y qué te empuja a entrar en este mundo?
Siempre me ha interesado mucho el servicio público. Creo que nace de un ‘mix’ curioso: mi padre es un sindicalista de la CGT, muy de izquierdas y con una visión muy utópica de lo que debería ser la sociedad. Por otro lado, la influencia de mi abuela materna, muy católica, con valores muy relacionados con el servicio a la comunidad, siempre preocupada por el concepto del bien y del mal. Esas dos visiones hicieron mucha mella en mí.
Siempre he participado en asociaciones y agrupaciones de todo tipo. Dar el paso fue algo natural, sinceramente. Era algo que desde que tenía 16 o 17 años quería hacer. También tenía claro que mi carrera no se iba a ceñir estrictamente a eso. Por eso desarrollé mis carreras universitarias, mis másteres y mi vida profesional antes de dar este paso. Después, entré en el terreno de la política cuando se alinearon los planetas, cuando se dieron las condiciones. Hubo una propuesta y un equipo sobre la mesa que tenían sentido y acepté.
¿De pequeño te veías como alcalde?
De pequeño lo que más me gustaba era Indiana Jones (ríe). También tuve mi fase de querer ser artista fallero… Pero diría que todo empezó cuando fui más consciente de lo que es el mundo, con 12 o 13 años, leyendo las páginas de Internacional de los periódicos. En mi casa se compraba El País, principalmente. Me llamaba mucho la atención el hecho de que los países tuvieran gobernantes cuyas acciones repercutían directamente en la calidad de vida de la gente que vivía en ellos. Mucho más tarde, en la carrera, las prácticas en el Ayuntamiento me permitieron conocer de primera mano lo que es la política local.
¿Qué es lo que más te gusta de ser alcalde y lo que más te frustra?
Frustra no poder avanzar todo lo rápido que uno quisiera. El Ayuntamiento es una administración grande, con una regulación determinada y unos derechos adquiridos. Es algo positivo porque permite tener buenas condiciones a todos los niveles, pero también acaba enquilosando la capacidad de respuesta. A veces quieres moverte muy rápido, pero las licitaciones pueden ser muy lentas: de repente, una licitación que iba muy bien, la empresa decide que no le salen las cuentas y se retira, obligándote a empezar de nuevo.
También se dan situaciones en las que un departamento funciona muy bien y, de repente, la mitad del personal, por motivos equis, se va a otras administraciones o se pone enfermo. La solución no es llamar al paro y pedir que envíen gente; tienes que pasar por una bolsa y, si no hay bolsa, abrir un proceso selectivo muy garantista, a meses vista, hasta que puedas volver a contratar a alguien. Son procesos que, obviamente, tienen que estar ahí para garantizar la seguridad frente a corruptelas, pero la parte negativa es que, a veces, las cosas se tuercen y hay poco margen de reacción.
Además, hay ámbitos que nos frustran a todos los alcaldes y alcaldesas, como el tema de la vivienda. Nos gustaría hacer muchas más cosas de las que realmente dependen de nosotros, pero las competencias son pocas y la capacidad financiera, aún menor.
La parte positiva llega cuando las cosas salen bien: sentir que estás mejorando de verdad el futuro de tus vecinos y vecinas, de tus amigos y familiares; el apego sentimental al concepto de Sagunto, a la gente que vive aquí y que ha compartido camino conmigo. Además, tengo la suerte de liderar un Ayuntamiento que se lo ha creído desde hace mucho tiempo, con alcaldes de todo signo político. El ámbito de los servicios sociales y de la igualdad es muy potente en nuestro municipio. Ayudar a quienes no tienen voz es algo muy bonito.
Sagunto está viviendo un momento excepcional con la llegada de la gigafactoría. ¿Cómo recibiste aquella noticia?
En realidad fue una sensación muy mixta desde el punto de vista interno. Desde 2019, cuando llegué como alcalde, mantuvimos reuniones al más alto nivel. El president Ximo Puig lo tuvo clarísimo desde el primer momento. Desbloqueamos lo que ahora se conoce como Parc Sagunt II, la segunda fase del parque industrial. Habíamos detectado que con la primera parte no se habían podido captar muchas inversiones porque algunas empresas potentes necesitaban parcelas más grandes que las disponibles. Por tanto, nos preguntamos si queríamos crear otro parque industrial como el que ya teníamos o uno con parcelas de más de 500.000 metros cuadrados, como el actual.
Yo tenía claro que el crecimiento pasa por una reindustrialización a diferentes niveles. Dije que sí al president Puig y empezamos a trabajar en un proyecto que no tenía nombres y apellidos: crear un parque industrial para convencer a grandes empresas de que Sagunto era el lugar donde poder invertir. Empezamos a tener contactos con muchos grupos empresariales desde diferentes administraciones: Ayuntamiento, Generalitat Valenciana y Gobierno de España. De hecho, el grupo Volkswagen llega porque el Gobierno de España ofrece ayudas específicas al vehículo eléctrico que encajan con una gigafactoría de baterías.
Por tanto, no sabría decir el día exacto en el que se confirma que PowerCo Volkswagen era una posibilidad real, porque fue un trabajo largo. No obstante, recuerdo todos los meses en los que estábamos trabajando de una forma tan intensa que a mí me costaba pensar que la gigafactoría no viniera aquí. Ya había muchos indicadores. El Ayuntamiento tuvo que trabajar de manera confidencial. Era todo muy complejo. Recuerdo muchos meses sin poder dormir pensando: “esto tiene que salir, no podemos perderlo”. Más tarde, el momento de “vamos a anunciarlo este día” fue increíble. Cambió —y cambiará— el futuro del municipio de forma radical.
Nosotros ya vivimos lo que es depender de una única fábrica [en referencia a Altos Hornos del Mediterráneo en el siglo XX]. Lo que toca ahora es aprovechar las sinergias, no para sustituir la economía local, sino para que ayuden a cimentar y ampliar las empresas ya existentes y no perder la diversidad industrial.
Si pudieras hacer clic y arreglar ahora mismo dos o tres problemas que tiene Sagunto, ¿cuáles serían?
Sin duda, el problema del transporte sería uno de ellos. Sobre todo, la conexión del Puerto de Sagunto con Cercanías. Somos una ciudad de 75.000 habitantes, con un Puerto de casi 50.000, y sigue teniendo conexiones pésimas, con un servicio de autobús deficiente que presta la Generalitat. A las administraciones les está costando mucho dar pasos. El Ayuntamiento trabaja con una línea clara, pero no obtenemos los resultados que queremos.
Por otro lado, un problema arrastrado: el problema de evacuación de agua en episodios de lluvias, más aún con lo que hemos visto de la dana. Hay bastantes puntos del municipio que se urbanizaron muy rápido y mal a lo largo de los años 50, 60 y 70. Zonas que tocaría rehacer por completo. Hay proyectos ambiciosos, como tanques de tormentas en zonas del Puerto de Sagunto, cerca de la playa. Un proyecto que ayudará, pero que en origen es muy complicado de solucionar.
La otra cuestión es el patrimonio, sin duda. Es cierto que hemos vivido años de avance, pero seguimos teniendo una falta de compromiso por parte de otras administraciones que a mí me supera. El Gobierno de España con el castillo es un ejemplo de ello. La Generalitat con la Nave de Talleres… Los Jardines de la Gerencia, de los que falta por ejecutar el 50%, con una obra a la que se comprometió la Diputación y ahora, de repente, nos están regateando…
Proyectos que te hayan hecho especial ilusión desde que eres alcalde.
Aparte de la gigafactoría, vamos a empezar con la regeneración de las playas del norte, una reivindicación que llevamos luchando desde hace 15 años. Luego, cosas que van saliendo bien con respecto a patrimonio: cuando conseguimos comprar la Casa Romeu, por ejemplo, que habla de la identidad de la ciudad. Cuando acabamos la primera mitad de los Jardines de la Gerencia. Ahora estamos en proceso de hacer un museo al aire libre en la avenida. Acabamos de adjudicar el Museo Industrial, que será un centro de interpretación de todo lo que fue el nacimiento del Puerto de Sagunto en torno de la Compañía.
Por otro lado, lo social tiene mucho peso en la gestión pública. La gestión de la crisis del Covid-19, cuando inició la Guerra de Ucrania o la dana de octubre de 2024. Momentos que hacen sentir orgullo de ciudad. Con la dana, que es lo que tenemos más reciente, el movimiento ciudadano por parte de empresas, asociaciones y personas individuales son cosas que te hacen ver que vale la pena. A veces nos dejamos llevar por mensajes negativos y de odio, pero te das cuenta de que la gente es buena.
¿Qué echas de menos de aquella etapa en la que no eras la cabeza visible del municipio?
Un concepto amplio de libertad. No te das cuenta y es bastante duro mentalmente. Por eso empecé a necesitar la ayuda de mi psicóloga. Como todo el mundo te percibe como el alcalde, te trata como el alcalde y tu círculo empieza a tratarte como el alcalde, el personaje público, el alcalde, acaba comiéndose a la persona real.
Incluso en ámbitos privados te autofrenas y dejas de hacer cosas que antes hacías. Porque piensas: “uy, ¿y si de repente sale una foto…?”. Me junto con amigos y, a veces, hay amigos de amigos que ya no forman parte de mi círculo cercano, y te vuelves un poco paranoico: te autosaboteas y dejas de hacer o decir cosas.
Es algo que he tenido que trabajar mentalmente y ponerle un freno al peso del personaje público que conlleva mi trabajo. Tienes que permitirte ser irreverente. Parece una tontería, pero hacer una broma estúpida o algo tan simple como hacerte una foto tonta y compartirla se puede volver en tu contra. Hay cosas que, sin querer, he anulado por completo, y el extra de estrés y ansiedad me ha pasado factura en algunos momentos.
Hay políticos a los que esto no les supone absolutamente nada; de hecho, dicen que en la política hay un alto porcentaje de psicópatas (ríe). Pero yo soy una persona muy sensible y he tenido que trabajar mucho estas cuestiones. No soy el único y mucha gente deja la política precisamente por esto.
¿Qué le dirías al Darío de 10 años?
Aquí entra el componente de que yo no salí del armario hasta que tenía 24 o 25 años. Le diría: date la oportunidad de ser tú mismo. Hace mucho que no tengo relaciones con mujeres, pero las he tenido y he sido muy feliz. No he tenido la problemática que sí han sufrido muchas personas del colectivo LGTBI de no poder desarrollar su vida amorosa y sexual. Yo sí tuve ese desarrollo inicial, pero me he autolimitado mucho.
También me diría que no perdiera la ilusión. Hubo un momento durante la etapa universitaria en el que, además de perderme un poco en cuidar de mi entorno y mantener mis amistades —errores que acumulo—, también perdí la ambición de conseguir determinados propósitos que tenía de pequeño, como trabajar en el ámbito internacional. Naciones Unidas, donde luego tuve la oportunidad de trabajar, eran palabras mayores para una persona de familia humilde. Quizás me pasé de realista y renuncié a sueños pensando que podían hacerme daño, cuando en realidad las oportunidades estaban ahí.
Si no fueras alcalde, ¿dónde crees que estarías?
En realidad soy alcalde porque me volví de Estados Unidos. Mi madre tiene una condición de salud degenerativa, todavía no extrema, y no quería hacer carrera internacional porque quería disfrutar de mi familia. Empecé a buscar oportunidades. Había un ámbito empresarial que me atraía.
Un Ayuntamiento como el de Sagunto tiene muchas cosas relacionadas con la empresa: gestiona unos 100 millones de euros al año, cuenta con 700 funcionarios —más de 1.000 personas si sumamos la empresa pública—, además de la capacidad comunicativa y el impacto sobre unas 75.000 personas, entre usuarios, vecinos y vecinas. Por tanto, quizá estaría en el ámbito empresarial.
La otra perspectiva que me atraía era ser profesor universitario. De hecho, ser alcalde viene un poco por ahí. Estando en Estados Unidos, contacté con un profesor de universidad que yo pensaba que seguía dando clase y resultó que estaba en el gobierno del Botànic. Él me dijo que tenía un perfil muy bueno para la política. Así, me reenganché a este mundo.
¿Te ves dando un salto en la política en los próximos años?
Evidentemente, si me llamara Pedro Sánchez para proponerme ser ministro, al menos le daba una vuelta. Sería el honor de mi vida, solo equiparable a ser alcalde. No, en serio, quitando eso, de verdad que no tengo ningún tipo de ambición que implique discutir con nadie por ser senador, diputado autonómico ni en el Congreso de los Diputados.
Además es que no creo que no tuviese un impacto mayor que el que tengo siendo alcalde, con un proyecto de transformación tan bonito como el que estamos viviendo en Sagunto, y con todo lo que queda por hacer... Y es que realmente soy feliz con el trabajo que estoy haciendo.
¿Candidato en 2027?
Sí.
Foto y vídeo: Jaime Soriano
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