Hay intervenciones que marcan especialmente a las entidades dedicadas a la conservación. Afrontar el avance del deterioro ambiental y la pérdida continuada de biodiversidad suele ser un trabajo complejo y, a menudo, frustrante. Sin embargo, cuando el rigor científico y la colaboración entre instituciones se unen en un mismo propósito, es posible ver resultados que invitan al optimismo. Un ejemplo destacado es la compleja iniciativa internacional puesta en marcha para recuperar al ibis eremita (Geronticus eremita), ave declarada extinguida en Europa por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), de la que BIOPARC Valencia ha recibido recientemente un grupo de ejemplares.
Quienes visitan el parque valenciano ya pueden contemplar por primera vez esta singular especie. Su plumaje oscuro con reflejos metálicos, la cabeza desnuda y el característico pico largo y curvado la convierten en un ave inconfundible. Además, puede observarse sin barreras en el espacio del Kopje, ambientado como las formaciones graníticas africanas, donde comparte escenario con una manada de leones. En el aviario convive con otras aves como la cigüeña de Abdim (Ciconia abdimi), el ave martillo (Scopus umbretta), el estornino soberbio (Lamprotornis superbus) y la pintada vulturina (Acryllium vulturinum), así como con una familia de damanes roqueros (Procavia capensis) y sus crías.
Extinta en Europa desde el siglo XVII
Esta especie migratoria desapareció de Europa en el siglo XVII. Su recuperación entra en un programa promovido por la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), al que BIOPARC Valencia se ha sumado con la llegada de cuatro parejas procedentes de los zoológicos de Viena y Zúrich. El objetivo es consolidar una población estable mediante programas de cría controlada que aseguren su conservación y faciliten, a largo plazo, su retorno al medio natural.
En el ámbito de la reintroducción existen dos grandes líneas de trabajo: una en Centroeuropa, coordinada por la organización austriaca Waldrappteam, y otra en el sur de España, en Cádiz, liderada por el Zoo Botánico de Jerez. Ambas colaboran para conectar las poblaciones liberadas. Esta red internacional de conservación está coordinada a nivel europeo por el zoológico de Innsbruck, con la participación activa de la Fundación BIOPARC.
El plan incluye un proceso tan innovador como complejo. Los polluelos nacidos en zoológicos son criados manualmente por especialistas, generando un fuerte vínculo con sus cuidadores. Posteriormente, las aves siguen en vuelo a ultraligeros pilotados por profesionales, donde viajan sus “madres adoptivas”, que las guían durante el trayecto. Este método permite recuperar antiguas rutas migratorias de miles de kilómetros, reactivando comportamientos que se habían perdido durante siglos y facilitando su adaptación progresiva a la vida en libertad. Las parejas instaladas en BIOPARC Valencia podrán contribuir en el futuro a la cría de nuevos ejemplares destinados a estas liberaciones controladas.
En el parque también habita el ibis sagrado (Threskiornis aethiopicus), que puede verse junto a jirafas, antílopes, cebras o rinocerontes. Resulta especialmente llamativa la curiosidad del pequeño rinoceronte Kairu al observar a estas aves.
BIOPARC refuerza así su función divulgativa, acercando al público la variedad e importancia de la fauna salvaje en un momento especialmente significativo, en el que además pueden verse crías como los elefantes Makena y Malik, los chimpancés Cala y Ekon o incluso una rara cría de cerdo hormiguero. Todos estos nacimientos reflejan el compromiso del parque con la protección de la biodiversidad y actúan como embajadores de esperanza para especies amenazadas.