Imagen de las pantallas de llegadas de vuelos en el aeropuerto de Valencia una vez que el avión aterrizó./EPDA
El interior del avión en un momento de las cinco horas de espera hasta que la aeronave pudo despegar./EPDALo que debía ser un vuelo rutinario entre Berlín y Valencia el lunes 26 de enero acabó convirtiéndose en una mala experiencia para María Part, vecina de la localidad de Mareny de Barraquetes (perteneciente a Sueca). El avión tenía que salir de la capital alemana a las 9:25 horas y llegar a la capital del Túria a las 12:20. Sin embargo, terminó despegando a las 15:02 y aterrizó a las 17:30.
El Periódico de Aquí ha podido contactar con ella para conocer de primera mano la cronología de una experiencia marcada por retrasos, falta de información y ausencia de asistencia básica.
Una mañana que empezó torcida
La jornada comenzó con dificultades desde primera hora. Para empezar, un retraso del tren que le llevaba al aeropuerto de Berlín casi le hace perder el vuelo. Según María, “la Renfe alemana es mucho peor que la española”, por lo que este tipo de incidencias en los ferrocarriles alemanes son frecuentes.
8:45 - Confusión en la puerta de embarque
A las 8:45 horas, en la puerta de embarque, dos vuelos de Ryanair esperaban salir: uno a Valencia y otro a Málaga. María cuenta que, tras hacer la cola, los pasajeros fueron informados de un cambio repentino de puerta, provocando confusión y un enfado generalizado.
9:45 - Subida al autobús que les llevaba al avión
María consiguió subir al autobús que llevaba al avión a las 9:45 horas. Ya dentro de la aeronave, con las puertas cerradas y todos los pasajeros sentados, llegó el primer anuncio: era necesario descongelar las alas del avión. “Nos dijeron que tardaría aproximadamente una hora”, explica.
11:25 - Dos horas de espera sin asistencia
A las 11:25 horas, cuando ya se habían cumplido dos horas desde el inicio de la espera a bordo, la tripulación aún no había ofrecido comida ni bebida, pese a que el Reglamento Europeo 261/2004 establece esta obligación. La pareja de María pidió agua y algo de comer porque ella es enferma crónica y necesitaba comer algo. Aún así, tuvieron que abonarlo.
12:33 - Casi una veintena de aviones en cola
A las 12:33 horas, la tripulación informó de que había 18 aviones en cola para el proceso de descongelación de alas y que aún quedaban dos aeronaves por delante de la de María. Media hora antes, la tripulación ya sabía que todavía tenían que esperar una hora más para poder volar.
12:40 - La situación se complica
Solo siete minutos después, a las 12:40 horas, un nuevo mensaje desde cabina alertaba de que la situación “se había ido de madre” y que el proceso podría prolongarse más de lo previsto. Dentro del avión, la tensión y el cansancio crecían.
13:35 - Ataque de pánico a bordo
Cuenta María que, a las 13:35 horas, una pasajera sufrió un ataque de pánico. La tripulación abrió la puerta del avión para que pudiera salir a tomar aire, pero al hacerlo perdió su derecho a continuar el vuelo.
14:35 - Comienza el rociado de las alas y se prepara el despegue
No fue hasta las 14:35 horas cuando comenzaron finalmente a rociar las alas del avión para su descongelación. Unos 25 minutos después, el avión despegó por fin de Berlín con destino a Valencia.
17:30 - Aterrizaje con cinco horas de retraso
El vuelo aterrizó en Valencia a las 17:30 horas, cinco horas y diez minutos después de la hora prevista de llegada. En el caso de María, el retraso supuso perder una tarde entera de trabajo y la última conexión de transporte público que la llevaba hasta su casa.
Quejas por la falta de atención a bordo
Más allá del retraso acumulado, María Part denuncia la ausencia de una atención adecuada por parte de la tripulación durante las horas de espera en el interior del avión. Según explica, a pesar de haberse superado el tiempo a partir del cual la normativa europea obliga a ofrecer comida y bebida a los pasajeros, esta asistencia no se produjo de manera gratuita.
En este contexto, la vecina de la Ribera Baixa asegura que una azafata llegó a advertirle de que no podía facilitarle agua sin coste. “Me dijo literalmente que, si me daba agua gratis, se quedaba sin trabajo”, relata. Una situación que, a su juicio, evidencia una aplicación excesivamente restrictiva de los protocolos internos de las aerolíneas de bajo coste.
“Entonces”, se pregunta María Part, “¿para qué existen los reglamentos?”. La vecina del Mareny de Barraquetes distingue entre las causas meteorológicas del retraso —ajenas a la aerolínea— y la gestión posterior de la incidencia, que considera deficiente. A su juicio, la falta de información continuada y de atención a necesidades básicas durante horas evidencia “una falta de humanidad que no se puede tolerar en las aerolíneas de bajo coste”.
Un testimonio que se ha hecho viral
Tras aterrizar en Valencia, María Part decidió relatar lo ocurrido a través de un vídeo publicado en la red social Tik Tok. El contenido, en el que denuncia lo vivido durante el vuelo, ha superado las 135.000 visualizaciones a fecha de 30 de enero, generando numerosos comentarios de otros usuarios acerca de la situación.
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