Carlos entra en la consulta de la clínica dental en Valencia con la misma sensación de familiaridad de siempre. Lleva acudiendo desde los seis años, cuando su padre lo llevaba de la mano para las primeras revisiones. Ahora, a sus 42, viene para valorar una ortodoncia invisible que pueda corregir la mordida que le incomoda en su día a día. En la sala de espera reconoce a los dentistas de siempre. Su padre, que hoy tiene 68 años, también sigue siendo paciente: acaba de colocarse implantes dentales para recuperar piezas perdidas.
Esta historia no es excepcional. Muchas clínicas dentales llevan generaciones atendiendo a las mismas familias, convirtiéndose en testigos de su evolución. Desde las primeras revisiones infantiles hasta la reconstrucción de sonrisas en la madurez, un dentista puede convertirse en un compañero de vida encargado de garantizar la salud bucodental.
Una relación duradera que comienza desde pequeños y que tiene en la prevención el pilar de la relación. No en vano, este trabajo es el que va a evitar y minimizar problemas futuros, identificando cuándo es el momento para corregir una dentadura con una ortodoncia invisible u otro tipo de intervenciones. Momentos que reflejan la importancia de contar con profesionales de confianza que conozcan tu historial y tus necesidades.
La base de todo: prevención desde la infancia
La relación entre paciente y dentista comienza, idealmente, en la infancia. Las primeras visitas no deberían buscar solucionar problemas graves, sino familiarizar al niño con la consulta y establecer rutinas de higiene que durarán toda la vida. Aquí es donde la limpieza dental profesional es fundamental.
Al respecto, tal y como señalan desde la clínica dental Aviñó, en Valencia, la limpieza dental no es solo una cuestión estética. “Eliminar sarro acumulado en zonas que el cepillado diario no alcanza, previene gingivitis y periodontitis, y permite al profesional detectar caries incipientes antes de que requieran tratamientos invasivos”, detallan desde este centro.
Sobre este tipo de tratamiento, lo recomendable, aunque dependerá de cada caso y edad, es realizar al menos dos limpiezas al año para mantener las encías sanas, mejorar el aliento y, sobre todo, establecer un hábito de cuidado preventivo. Para niños y adolescentes, estas visitas regulares construyen una relación de confianza que facilitará futuros tratamientos si fueran necesarios.
Ortodoncia sin renunciar a la estética
Entre los tratamientos más comunes encontramos el de la ortodoncia. Antiguamente, muchos adultos renunciaban a corregir sus problemas de mordida o apiñamiento dental porque los brackets metálicos resultaban incompatibles con su vida profesional o social. La ortodoncia invisible ha cambiado ese panorama radicalmente.
Este tratamiento utiliza alineadores transparentes fabricados a medida tras un estudio digital completo de la boca del paciente. Cada férula se cambia semanalmente, moviendo los dientes de forma progresiva hasta alcanzar la posición deseada. El proceso, que dura entre 6 y 18 meses según la complejidad del caso, cuenta con una serie de ventajas frente a los brackets convencionales.
La primera es la estética: los alineadores son prácticamente imperceptibles, lo que permite llevarlos en reuniones de trabajo o eventos sociales sin que nadie los note. La segunda es la comodidad: al ser removibles, se pueden retirar para comer y cepillarse los dientes, facilitando la higiene.
Pero la ortodoncia invisible no es solo una cuestión de mejorar la apariencia. También corrige maloclusiones que pueden generar desgaste dental, dolores de mandíbula, problemas de masticación e incluso cefaleas crónicas. Es un tratamiento de salud que, además, mejora la autoestima del paciente.
Implantes para masticar sin límites
Llega un momento en la vida en que, por diversos motivos (enfermedad periodontal, traumatismos, desgaste) se pierden piezas dentales. Aquí los implantes dentales son la solución más efectiva para recuperar función, estabilidad y estética.
Este tratamiento consiste en integrar un tornillo de titanio en el hueso maxilar, sobre el cual se coloca una corona que simula un diente natural. A diferencia de las prótesis removibles, los implantes son fijos, no se mueven al masticar ni al hablar, y no requieren apoyarse en dientes adyacentes, preservando así la salud de las piezas restantes. El resultado es un diente que funciona y se siente como propio.
Todos estos ejemplos de tratamientos muestran la importancia de la relación entre un paciente y su clínica dental, que puede extenderse durante décadas, atravesando etapas vitales muy diferentes. Desde la prevención infantil con limpiezas periódicas, pasando por la corrección estética y funcional en la edad adulta con ortodoncia invisible, hasta la reconstrucción mediante implantes en la madurez, una clínica de confianza que conozca el historial de la persona siempre será la mejor garantía para lograr el mejor tratamiento dental.