Espectáculo de magia para niños afectados por la dana. / EPDAEl aniversario de la dana que arrasó gran parte de la provincia de Valencia es noticia en los últimos días. Tanto, que es imposible no encontrarse en televisión, prensa, radio o en redes, algo que nos recuerde la gran tragedia. Es por eso que Anaïs Darder (conocida como Mamá de Plutón) se ha unido a la asociación Magos Solidarios para brindar un rato de desconexión y sonrisas a 5.500 niños de las zonas más devastadas.
Por esta razón 28, 29 y hoy 30 de octubre, ambos han organizado que muchos colegios afectados por la dana hayan tenido un espectáculo cada uno para cambiar el recuerdo del barro por magia. Algunos en sus centros reconstruidos, otros todavía en los aularios prefabricados. Pero con una cosa en común: llenar estos días grises en nuevos recuerdos plagados de ilusión.
“En estos días de sobrecarga de información sobre la tragedia, con conversaciones e imágenes por todas partes que evocan al recuerdo, proteger la salud emocional de los niños era mi prioridad, tenía que organizar algo”, asegura Darder, que durante meses tras la riada, estuvo organizando salidas y actividades para las familias afectadas. “Nada es más importante que la sonrisa de un niño, especialmente en días como hoy, nuestra asociación nació para esto y allá donde nos necesiten, estaremos”, afirma el Mago Ati, presidente de la asociación de Magos Solidarios que se creó tras la dana y está decidida a seguir.
Tres días, mañana y tarde, más de 20 colegios, y los magos: Ati, Miguel Ribera, Larsen, Magic Mazo, Jula, Maese Blay y Laia, que se han unido a Mamá de Plutón en este proyecto “Cambiemos el barro por magia”. Todos de forma desinteresada, algunos viniendo desde otras provincias y habiéndose levantado de madrugada, todos ellos repitiendo espectáculos en diferentes colegios para llegar a cuantos más, mejor, y demostrando que la solidaridad no entiende de agotamiento o distancia.
Las risas se escuchan desde fuera de los colegios. Los niños salen animados, felices, sonrientes. Se abren las puertas, corren hacia sus padres, muchos de los cuales llevan el rostro tan triste como el día, para contarles ilusionados cómo el mago adivinó su carta o sacó una paloma de un pañuelo. No hay ni un resquicio de tristeza o recuerdo de aquello que lo invadió todo. Hay abrazos, hay complicidad. Una mamá que venía con la mirada perdida, abraza a su pequeño de poco más de 7 años y sentencia con una sonrisa, aunque visiblemente emocionada: “Esto era necesario para ellos, incluso lo era para nosotros”.
Y es que hay una cosa que ha quedado clara: hoy la magia ha ganado al barro.
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