Imagen de archivo del barranco de l"Horteta en Torrent./EPDA
Durante meses, los ingenieros han recorrido y analizado las laderas y cauces de la rambla del Poyo, l’Horteta y la Canyada de Pequé, donde la erosión ha sido especialmente severa. “Hay laderas con grietas que se pueden caer en cualquier momento”, advirtió el ingeniero de Caminos Miguel Ángel Eguibar, quien destacó que evaluar los daños ha sido “muy complicado” porque los cauces han cambiado respecto a cómo eran antes de la catástrofe.
Los técnicos han detectado en su estudio un comportamiento deficiente de las estructuras de hormigón, lo que les lleva a apostar por soluciones de refuerzo más resilientes como escolleras de roca y muros de gaviones. No obstante, la gran demanda de escollera y la escasez de material está encareciendo los presupuestos, tal y como explicó el experto y doctor en geología Francisco Javier Torrijo.
El estudio detalla que los daños superan los 41,3 millones en el barranco del Poyo, 36 millones en l’Horteta, 8,4 millones en la Canyada de Pequé y 5,6 millones en la partida de la Venteta. A esto se suman 5,8 millones destinados a reparar infraestructuras urbanas afectadas.
Además, Eguibar alertó de un efecto futuro contraproducente: “Ahora da la sensación de que hay menos riesgo de inundación porque las laderas se han desmoronado y el cauce es más amplio. Pero cuando se reparen las laderas y los sedimentos permanezcan en el fondo, el caudal que podrá circular será menor y estaremos peor”.
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