Candidatura ganadora del Colegio de Médicos. / HÉCTOR GONZÁLEZ
Presentación del taco valenciano. / HÉCTOR GONZÁLEZ
Miguel Jover, presidente de Amigos de los Castillos. / HÉCTOR GONZÁLEZ
El pregón de José Vicente Navarro. / HÉCTOR GONZÁLEZNos cruzábamos con cierta asiduidad. Siempre con porte atlético, elegante y acompañado por algún amigo, me saludaba cordial y sonriente. En una de esas ocasiones le manifesté mi pesar por el cierre de su conocido establecimiento: Deportes Arnau. Su respuesta resultó tan lógica como desgarradora: “me lo comenta bastante gente, pero lo cierto es que gran parte de ella prefiere comprar por internet de otros lugares”.
En cualquier caso, José ‘Pipo’ Arnau ya disfrutaba de su jubilación. Atrás dejaba el legado de su emblemático local, ubicado en la calle Alicante y referente de ropa deportiva durante décadas. Constituía una de sus múltiples facetas, quizás la más comercial. En la práctica, suponía una extensión vital, vinculada a su gran pasión, el deporte. Impulsor del Valencia Basket, del fútbol sala, de los torneos de fútbol playero, participante incansable en tertulias y programas deportivos, siempre con su punto didáctico…
Falleció hace tres años y medio. Coincidió gran parte de su vida con otro inagotable promotor deportivo popular: Toni Lastra. Atleta urbano y precursor de la Sociedad Deportiva Correcaminos, el mítico club en cuyas oficinas, detrás de la masificada sede de la Escuela Oficial de Idiomas en Valencia, se gestó y organizó el ahora tan concurrido maratón de Valencia. Al principio de siglo esta prueba de 42.195 metros la corríamos (me incluyo por los sensacionales recuerdos de la experiencia) alrededor de 3.000 personas cada año en una fría mañana de febrero. Nada que ver con el espectáculo y la popularidad actual.
La metamorfosis, en gran medida, se debió a la energía y al tiempo invertido por Toni Lastra, fallecido en 2015. Tanto él como Pipo Arnau tendrán un rótulo en una vía urbana en Valencia, tal como ha aprobado el Ayuntamiento hace escasos días. Igualmente contará con ese reconocimiento Bernardo Adam Ferrero, melómano empedernido y erudito enciclopédico del arte que dominaba, la música. Me permito evocar su elocuencia en una conversación en la calle Cronista Carreres en la que le preguntaba por himnos nacionales. Me obsequió con sendos CDs que todavía atesoro.
Personalmente, y ya que andamos por un Curioseando Valencia algo más intimista, agradezco que el Consistorio nombre calles (para Pipo) o plazas (en los casos de Lastra y Adam) como distinción pública a ciudadanos de a pie que han aportado a la sociedad presente. Lo prefiero, desde luego, a ese afán por rotular con personas del pasado que no han tenido que ver con la ciudad y que su relativo grado de conocimiento viene por trayectorias políticas o belicosas. O con topónimos de lejanas ciudades. O con denominaciones fruto de inspiraciones oníricas muy alejadas de la realidad social urbana.
Hablando de personas o de celebraciones ligadas a la cotidianidad, sale a colación en estas líneas el presidente de Lo Rat Penat, José Vicente Navarro, que pronunció el pregón de las fiestas de San Vicente Mártir, el primer santo valenciano y patrón de la ciudad. Aunque su festividad pase desapercibida y resulte desconocida para gran parte de la población más allá de reportar un día local no laborable, su figura sobresale como símbolo de resistencia ante la opresión (romana por entonces) y de capacidad de sacrificio por sus creencias (Cristianismo en este caso).
La organización de la fiesta y del acto, llevado a cabo en la Basílica Sepulcral de San Vicente Mártir (calle San Vicente, junto a plaza de España) la desarrolla la Asociación Cultural Vía Augusta y Camino de San Vicente, una entidad que reivindica, por ejemplo, el carácter pionero de esta peregrinación que enlaza Aragón y Valencia, anterior en siete siglos a los albores del celebérrimo Camino de Santiago. El pregón de Navarro, por cierto, resultó pedagógico y ameno en la glosa del santo.
Se prolongó prácticamente el mismo tiempo (45 minutos) que la asamblea de refundación de la Asociación de Amigos de los Castillos, que pasa de ser una entidad provincial a convertirse -del mismo modo, con carácter pionero- en autonómica. La presidencia seguirá ostentándola, en cualquier caso, el catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia Miguel Jover, especialista del Departamento de Ciencia Animal y entusiasta de los castillos, además de gran canciller de la Real Orden de Caballeros de El Puig, entre otras numerosas facetas de su carácter poliédrico.
Otro ‘poli’, y con el añadido de ‘facético’ es el abogado Juan García Sentandreu, que ha iniciado año presentando su decimosexto libro: Luis de Santángel: su legado y su testamento. Toda su literatura -la de Sentandreu- gira en torno a Valencia, a su pasado y a sus personajes históricos, y gran parte de ella abunda en el origen valentino de Cristóbal Colón, un tema en el que trabaja desde hace décadas casi en el anonimato y que ha certificado como más que razonable el forense José Antonio Lorente. Su estudio de ADN lo recogió con precisión el documental de Televisión Española emitido en octubre de 2024, que posiblemente tenga una secuela pronto.
Y ya que escribimos sobre Medicina, recalcar que una eminente doctora -galardonada por este periódico en sus premios de Valencia de 2025- ha revalidado este mismo mes el cargo de presidenta del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Valencia. Se trata de Mercedes Hurtado, prestigiosa oftalmóloga con plaza en el hospital La Fe y referente en su profesión.
Por cierto, próxima a la sede de este organismo, en la Avenida de la Plata, se encuentra la plaça del Marató, limítrofe a la cual se extenderá la denominada como Toni Lastra.
Y algo más alejado se ubica el restaurante Madre, en el barrio del Cabanyal, que viene a colación porque su cocinero, Miguel Satorre, ha confeccionado un taco de pollo con cremoso valenciano. Una elaboración mexicana adaptada a Valencia que protagoniza el capítulo ‘Cuatro Estaciones de la Terreta’ de invierno. Cada trimestre se presenta en el restaurante Mi Cub, radicado en el céntrico Mercado de Colón. Con el regusto de su exuberancia de sabores (el taco puede degustarse, de momento, hasta marzo) termina este Curioseando Valencia.
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