Un instante de la procesión del Santo Entierro en la Semana Santa Saguntina. / Foto: Aj. SaguntLa Semana Santa de Sagunt de este año se recordará para siempre por la polémica que lo acaparó todo. La pugna entre tradición e igualdad llegó a ser tema hasta en televisiones extranjeras. Por no hablar de los cientos de medios de comunicación españoles que se interesaron por el veto a la mujer en la cofradía.
Solo hombres integran la hermandad de la Puríssima Sang del Nostre Senyor Jesucrist. Siempre fue así. Tanto que es —si no la más— una de las cofradías más antiguas de España, con más de medio siglo de historia a sus espaldas. Apenas unos días antes de arrancar de pleno la Semana Santa número 535 en Morvedre, la agrupación votó si se abría —o no— la puerta a las mujeres. Y volvió a cerrarla.
El resultado fue contundente, incluso más de lo que muchos esperaban: 267 votos en contra frente a 114 a favor. Por tercera vez desde finales del siglo pasado, la posibilidad de que las mujeres pudieran integrarse plenamente en la cofradía quedó descartada. Pero esta vez ocurrió algo distinto. Lo que durante años había sido un debate local, incómodo pero contenido, saltó por los aires y se convirtió en una cuestión de gran alcance. También a nivel institucional.
La decisión generó malestar social, tanto entre quienes están a favor como en contra. Encendió tertulias. Activó al Gobierno de España. En cuestión de días, se anunciaron dos movimientos de calado: por un lado, la reactivación del expediente para retirar a la Semana Santa Saguntina la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional; por otro, la decisión del Ministerio de Igualdad de llevar el caso ante la Fiscalía por posible discriminación.
El Gobierno califica la cofradía como "un reducto machista"
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, tras reunirse en Valencia con el Colectivo Semana Santa Inclusiva y otros colectivos de mujeres, sentenció que estas cofradías “no están al margen de la Constitución” y que “la Semana Santa también tiene que ser igualitaria. Vamos a actuar”. La delegada del Gobierno de España, Pilar Bernabé, calificó la situación saguntina de “anacronismo”, “reducto machista” y “discriminatorio”, recordando que estamos hablando de hermanas, hijas y nietas “discriminadas simplemente por el hecho de ser mujeres”. Redondo anunció además que su gobierno revisará “cómo está inscrita la cofradía en el registro de entidades religiosas” y que acompañará a las afectadas para garantizar que se respeten sus derechos fundamentales.
Rechazo con moderación y cautela en el ejecutivo local
Así de contundente se mostró el ejecutivo central del PSOE. Sin embargo, en el PSOE local no fue tan así. El gobierno local, sabedor del arraigo de la tradición y conocedor de lo que significa la cofradía en Sagunt —también sin querer deslucir el trabajo de la Mayoralía 2026—, tuvo más difícil posicionarse de manera tan clara.
No obstante, y pasado más de un día con la polémica encendida en máximos, el alcalde se vio obligado a tomar postura también de puertas afuera. Darío Moreno publicó un comunicado oficial reafirmando el “compromiso firme con la igualdad y la no discriminación” como principios irrenunciables. Moreno afirmó que la igualdad “no supone un ataque a la tradición ni a la cofradía”, destacando al contrario que la Semana Santa saguntina es “un tesoro que debemos cuidar entre todos y todas”. Subrayó que tradición e igualdad son compatibles y de hecho necesarias para el futuro de la fiesta: “La Semana Santa habla de fe, patrimonio e identidad; la participación plena de la mujer solo acrecentaría la grandeza de esos tres elementos”.
En la misma línea, el alcalde apeló al diálogo y exigió a la cofradía que “en cumplimiento del marco legal” lleve a cabo los cambios necesarios para permitir la inclusión de “cualquier persona católica”, con las salvaguardas que garanticen la continuidad de la tradición. Moreno condenó además las voces que pedían “venganzas”: según él, la respuesta de las instituciones debe ser serenidad y aplicación de la ley, no protagonismos ni agresividad.
En cuanto al resto de formaciones políticas municipales, solo se posicionaron EU-Podem —la primera en hacerlo— y Compromís —que tardó un poco más—. El primero pidió eliminar cualquier subvención de promoción a la celebración; el segundo, en la misma línea, pidió esclarecer el dinero público destinado a la fiesta, además de solicitar un informe jurídico y sobre el impacto de la eventual pérdida del ‘Interés Turístico Autonómico’.
El Partido Popular evitó entrar de lleno en la polémica y no emitió ningún comunicado oficial, aunque su posicionamiento se dejó entrever en un artículo de su concejal Antonino Muñoz, en el que el edil popular cuestionaba lo que consideraba una presencia “de escaparate” del gobierno local, reivindicando frente a ello una participación “real” en la calle y junto a los vecinos.
Por su parte, Vox tampoco se pronunció directamente sobre la exclusión de las mujeres y optó por aplazar su moción en el pleno municipal para declarar la Semana Santa Bien de Interés Cultural Inmaterial, apelando a la necesidad de preservar el clima de recogimiento y evitar “confrontaciones innecesarias” en plena celebración. Finalmente, Iniciativa Porteña tampoco realizó valoraciones públicas sobre la controversia, manteniéndose al margen de un debate centrado en Sagunt y fiel a su línea habitual de priorizar los asuntos vinculados al Port.
"La vía judicial acabará abriendo las puertas a la mujer"
Del lado de las mujeres excluidas, la Asamblea Semana Santa Inclusiva no se dio por vencida. Blanca Ribelles confesó su “decepción” por el resultado, pero agradeció el apoyo recibido “en la calle y en el día a día”. “Toda la dimensión mediática y la visibilidad que hemos tenido ha servido para poner la igualdad encima de la mesa”, afirmó Ribelles. En cada procesión numerosas personas la animaban y le mostraban solidaridad; incluso desde otras localidades les han llegado mensajes de aliento de gente que vive situaciones parecidas.
Tras su encuentro con la ministra Redondo, Ribelles dijo sentirse “más motivada” para continuar la lucha. “La Semana Santa nos pertenece a todos y a todas”, subrayó, recordando a los periodistas que “no pedimos nada extraño, solo acceder en igualdad”. El colectivo planea ahora los siguientes pasos con “la cabeza fría” y confía en que, de no encontrarse eco dentro de la cofradía, sea la vía judicial la que abra la puerta a las mujeres: “Ya no estamos en el siglo XV y queremos pertenecer a la cofradía”, reflexiona.
La Semana Santa no se rindió ante la polémica
Mientras tanto, y muy a su pesar, la Mayoralía 2026 siguió adelante con su calendario, si bien es cierto que su trabajo durante meses quedó empañado por la polémica. Las procesiones volvieron a llenar las calles de recogimiento, de pasos solemnes y de miradas emocionadas. La tamborada resonó con la misma fuerza de siempre. Y los fieles, como cada año, acompañaron los actos con una participación masiva que sorprendió incluso a quienes temían que la polémica pudiera deslucir la celebración.
Desde dentro, los propios mayorales —jóvenes de entre 20 y 26 años— trataron de aislarse del ruido y centrarse en su cometido, reivindicando una vivencia de la Semana Santa basada en valores como la convivencia, el trabajo en equipo o el aprendizaje compartido. Su clavario, Gonzalo Escrig, puso palabras a ese sentimiento al definir la fiesta como un “diálogo entre pasado y presente”, consciente de la complejidad del momento pero también de la responsabilidad de mantener viva una tradición centenaria. Incluso en medio del debate, evitó posicionamientos tajantes y apeló a la comprensión mutua: entendía la aspiración de las mujeres a formar parte de la cofradía, pero también pedía respeto hacia quienes, tras décadas viviendo la Semana Santa de una determinada manera, encuentran difícil asumir cambios profundos.
Tanto en el seno de la Cofradía de la Puríssima Sang como en la propia mayoralía de este año, la sensación fue de alivio, a pesar de todo. Como “muy positivo” calificaron el balance desde la hermandad. En medio de uno de los momentos más delicados que se recuerdan, la respuesta ciudadana fue, en términos de asistencia, prácticamente incontestable. Esta fue una de las grandes paradojas: se temía que el veto a la mujer acabara derivando en un rechazo social a la propia Semana Santa saguntina, pero ocurrió justo lo contrario.
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