Operarios de limpieza del Ayuntamiento de Valencia desmontan el catafalco de la Virgen de los Desamparados tras cuatro días. / EPDA
Retirada de flores en la Plaza de la Virgen este lunes, 23 de marzo, a primera hora. / EPDA Lunes 23 de marzo. Minutos antes de las ocho de la mañana. La 'Geperudeta', ya sin flores. Han sido cuatro días intensos en los que mareas y mareas de gente se han acercado a ver a la Virgen. Algunos, vecinos de Valencia. Otros, de los pueblos del área metropolitana. Algunos, por tradición, porque todos los años lo mantienen como un ritual. Otros, porque estaban de paso. También turistas, cómo no.
Lo cierto es que la retirada del catafalco marca el final simbólico de uno de los actos más multitudinarios y emotivos de las Fallas. A primera hora de este lunes, operarios municipales han comenzado a desmontar la estructura floral que durante días ha dado forma al manto de la Virgen de los Desamparados, dejando al descubierto la imagen tras una Ofrenda que, un año más, ha desbordado participación y fervor.
Durante dos jornadas, los días 17 y 18 de marzo, más de 123.000 falleros y falleras desfilaron ante la patrona en la plaza de la Virgen. Esta cifra supone un aumento del 10% respecto al año anterior. De ellas, 114.275 eran falleros (88.518 mayores y 25.757 infantiles) a los que se sumaron 9.303 músicos que acompañaron los desfiles.
Las flores depositadas durante la Ofrenda han dado forma al tradicional manto de la ‘Geperudeta’, confeccionado este año con claveles rojos, blancos y, en menor medida, amarillos. El diseño ha sido obra de la ilustradora valenciana Xenia Magraner. La composición ha querido transmitir el rechazo a la violencia y una llamada a la paz. Según explicó la propia autora, cada color tenía un significado concreto dentro del conjunto.
El rojo representa “la sangre que derrama la violencia”, mientras que el blanco simboliza la protección de la Virgen y la paz, con elementos como una paloma y dos lirios. Por su parte, el amarillo alude al sufrimiento y al camino difícil que recorren quienes viven situaciones de violencia. Con este último color se ha representado a una madre y un hijo avanzando entre espinas, una imagen que busca reflejar la resistencia de las personas y las familias ante la adversidad.
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