DÍA DE LA MUJER
La perseverancia de Carmen Leal, primera catedrática española de Psiquiatría
La psiquiatra del Port de Sagunt habla de las dificultades de las mujeres para acceder a altos cargos en la Medicina
ALBA JUAN - 01/03/2021
Carmen Leal durante un Congreso de Medicina. EPDA.
Carmen Leal durante un Congreso de Medicina. EPDA.
Recogiendo un premio a la trayectoria profesional. EPDA.
Recogiendo un premio a la trayectoria profesional. EPDA.
No hace demasiados días, la NASA transmitió una noticia importante a todos los medios de comunicación, avisando de que su rover había conseguido alcanzar el planeta rojo. No es una noticia nueva, son muchas las misiones que desde el año 96 han tenido ese objetivo. Sin embargo, esta hazaña recordaba el interés que suscita una "primera vez" en la población, porque consiguieron las primeras imágenes de la historia de un aterrizaje. Miedo, trabajo, tiempo y organización. Los ingredientes necesarios para una misión como esta, pero también presentes en cualquier "primera vez".

Las mujeres que lucharon por hacerse un hueco en un mundo eminentemente masculino también lo sabían: nada es posible sin perseverancia. Muchas científicas e investigadoras han puesto la primera piedra para construir el camino de lo que conocemos. Esta perseverancia fue con la que luchó en su día Carmen Leal, del Port de Sagunt, la primera catedrática de Psiquiatría de España. A sus recién cumplidos 80 años cuenta con una larga trayectoria de trabajo, docencia e investigación. "Aunque la Psiquiatría sigue siendo la parienta pobre de algunas ciencias, debido a la complejidad de la investigación del cerebro, siempre me ha encantado el trato con los pacientes con trastornos", cuenta.

Empezó a gustarle el campo de la medicina durante el Instituto, aunque su verdadera vocación por la Psiquiatría se materializó mientras hacía apuntes para la carrera, sentada en una clase donde la mayoría de los alumnos eran hombres. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, tan solo un 2,7% de mujeres estaban colegiadas en medicina en 1965, dato que aumenta hasta el 17,4% en 1980. No será hasta bien entrado el siglo XXI cuando las cifras comenzarán a equipararse de forma sostenida. "Cuando estudié medicina había un porcentaje pequeño de chicas en clase, pero me parece importante señalar que ninguna colgó el título en la pared. Era una carrera que, si te gustaba, querías ejercerla", comenta. También cuenta que a ella le gustaba estudiar, y pasaba los fines de semana en casa, donde encontraba un buen ambiente para concentrarse. "Algunos compañeros me decían que era una empollona, pero a mí no me costaba esfuerzo estudiar, me gustaba", añade.

Sin referentes

"A mi madre le hubiese gustado ser cirujana, pero en aquel momento no era posible económicamente", señala. Carmen Leal acabó Bachillerato en la Academia de Enseñanza Media del Puerto de Sagunto, con unas notas medias de sobresaliente. Posteriormente, terminó la licenciatura en Medicina en 1965 y consiguió el Premio extraordinario por el Doctorado en 1974. A partir de ese momento, fue combinando la docencia con el trabajo asistencial en diversos hospitales.

Aunque ha viajado a París y Nueva York, casi toda su carrera se ha centrado en la capital de la Comunidad, donde ha pasado por diferentes cargos. Desde profesora ayudante de clases prácticas en 1977 hasta decana de la Facultad de Medicina de Valencia en 1986, pasando por su cátedra en Cádiz. Ha dirigido 22 tesis doctorales y durante la mayor parte de su vida se ha encargado de tutorizar a MIR, desde 1984 hasta 2011.

Brecha de género

"Parecía que en esa época tenías que casarte casi por obligación, pero yo no tuve que hacer ninguna elección especial. Nunca he echado de menos no tener hijos, pero ahora sí me da cierta envidia no tener nietos", ríe mientras piensa en las reuniones con otros amigos. No obstante, declara: "Posiblemente si me hubiese casado no habría podido ser catedrática de la Universidad. En aquel momento era muy difícil compaginar la vida familiar con una dedicación al completo".

Explica que las exigencias siguen siendo muy altas, aunque algunos cambios en la mentalidad de la sociedad han facilitado la inserción femenina: "Ahora no todos los hombres están por la labor de colaborar en casa, pero muchos sí". En el campo de la medicina, como explica, se necesitan unos 5 o 6 años de especialización y otros 4 o 5 de residente. "No podrán tener hijos hasta más allá de los 30 y, aunque lo tienen mucho mejor, todavía falta romper algún techo, que a veces son de acero", remata.


Acceso a puestos de responsabilidad

En estos momentos, existen más mujeres en las labores médicas que hombres: concretamente, el 51% de los profesionales colegiados en 2019 son mujeres. "Es cierto que hay muchas mujeres estudiando, aunque en puestos de dirección no tantas", matiza la catedrática. En el curso 2016-2017, tan solo existía un 20% de mujeres en las Cátedras de Medicina, según el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 

"Muchas veces la dedicación que exige acceder a determinados puestos directivos es más difícil de conseguir para las mujeres. Me gustaría llegar a un punto donde los medios no tengan que recalcar a 'la primera mujer que hizo tal', porque debería ser algo cotidiano y no la excepción". También pone el foco sobre la brecha salarial que, aunque defiende que no se da en el ámbito de la sanidad pública, es un problema a solventar. "Se ha dicho que con la pandemia aumentará más, ahora está alrededor de un 21%, y sigue existiendo discriminación para contratar a mujeres jóvenes, por el miedo de que queden embarazadas. La conciliación familiar aún no existe", lamenta.

"Decía Simone de Beauvoir que no hay mayor opresión que la que cuenta con la complicidad de los oprimidos. Si una mujer piensa que no se va a poder dedicar a eso, no lo va a hacer", subraya Leal. Desde su casa, ya como catedrática jubilada, lanza un mensaje a las estudiantes para que luchen por sus objetivos. "Hace años estaba en una reunión de psiquiatría y empecé a ver a más mujeres, cuando durante mucho tiempo había estado yo sola ejerciendo de catedrática. Entonces me acerqué y les dije a las compañeras lo mismo que dijo Obama cuando llegó a la presidencia: We can. Nosotras podemos". concluye.