La terraza del Casino de Benavites, que ahora pasará a ser propiedad municipal tras el acuerdo con la Sociedad de Fomento y Agricultura. / EPDAEl histórico Casino de Benavites tiene garantizado su futuro. El Ayuntamiento y la Sociedad de Fomento de Agricultura han alcanzado un acuerdo cesión que hará que el edificio pase a ser propiedad municipal. Así lo avanzaron el alcalde, Carlos Gil, y la segunda teniente de alcalde, Cristina Diego, en una comida con los medios de comunicación de la comarca hace unos días.
El traspaso de la propiedad de este emblemático edificio, construido en 1931 y muy ligado a su historia social y económica, se realizará a título no lucrativo. Eso sí, la aprobación definitiva aún debe ser ratificada por el pleno municipal.
La negociación entre ambas entidades se ha desarrollado bajo una premisa clara marcada por el Ayuntamiento: garantizar la continuidad de la Sociedad de Fomento de Agricultura, la entidad más antigua del municipio y una pieza clave de su identidad colectiva. En este sentido, el acuerdo contempla que el Ayuntamiento otorgará una cesión de uso que permitirá compatibilizar la gestión pública del edificio con la actividad propia de la sociedad.
La donación del espacio por parte de la sociedad cooperativa fue aprobada por unanimidad de sus miembros. Actualmente, la entidad cuenta con alrededor de 160 socios, y el Consistorio ha manifestado su intención de que, además del servicio de bar, el Casino reserve un espacio exclusivo para ellos. La filosofía que ha guiado esta decisión es clara: “es más fácil llevar la actividad social donde está la gente que intentar que la gente vaya donde está la actividad social”, evitando así el riesgo de que el Casino pierda su función vertebradora o incluso llegue a desaparecer.
Las prioridades, mejorar la climatización y la acústica del local
El Ayuntamiento ha anunciado que llevará a cabo una reforma progresiva del edificio, centrada especialmente en la modernización de su interior. Aunque la estructura del inmueble se encuentra en buenas condiciones, el Consistorio considera necesarias actuaciones en aspectos como la climatización y la acústica, uno de los puntos más débiles del salón interior del Casino. Este espacio, amplio y capaz de albergar a numerosos comensales, presenta actualmente problemas de sonoridad que dificultan la conversación cuando el local está lleno.
Para financiar estas mejoras, el Ayuntamiento solicitará subvenciones a la Diputación de Valencia, con el objetivo de minimizar el impacto económico de las actuaciones en las arcas municipales.
Además, el proyecto incluye una clara apuesta por la sostenibilidad energética. El Ayuntamiento prevé instalar placas solares en la terraza trasera del Casino, dentro del plan global que está siguiendo para implantar energías renovables en edificios municipales. Un ejemplo de esta política es la pérgola del polideportivo, donde ya se han instalado paneles solares, logrando que la administración local pague actualmente menos en la factura de la luz que en 2011, pese al incremento generalizado de los precios energéticos.
Un edificio con historia y futuro
El Casino de Benavites es un local social, pero también un símbolo del cooperativismo agrícola de la Vall de Segó que marcó el desarrollo del municipio a lo largo del siglo XX. La Sociedad de Fomento de Agricultura fue clave en la consolidación del cooperativismo a principios de siglo. Entre 1920 y 1945, estas organizaciones evolucionaron desde sindicatos agrícolas hacia estructuras más complejas y organizadas.
En una economía local fuertemente basada en la agricultura, estas sociedades —muy comunes en las comarcas valencianas— permitieron a los pequeños productores mejorar las condiciones de venta de sus productos, gestionar de forma más eficiente recursos esenciales como el agua y acceder a suministros en un contexto de grandes dificultades económicas y sociales. Gracias a esta estructura cooperativa, los agricultores de Benavites y del conjunto de la Comunitat Valenciana pudieron afrontar retos como la filoxera, la mecanización del campo y la transición hacia la citricultura a principios del siglo XX, sentando las bases del progreso local.
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