Un instante durante el coloquio sobre el biometano en el centro multiusos de Llíria. /EPDALo que estaba planteado como una jornada divulgativa sobre el biometano este miércoles en Llíria ha acabado convirtiéndose, en la práctica, en un reflejo del clima que se vive en torno a la planta proyectada en la capital del Camp de Túria. No porque ese fuera el objetivo —la organización lo ha dejado claro desde el inicio—, sino porque el contexto ha terminado imponiéndose.
El coloquio, impulsado por GasRenovable.com y moderado por Yolanda Ávila, se ha presentado como un espacio técnico para abordar el impacto ambiental, energético, económico y social del biometano. Sobre el escenario, perfiles de peso y con visiones distintas: Aurora Seco, Artemi Cerdà, Xavier Flotats, Antonio Turiel y Ricardo Romaguera.
En la sala, un público más heterogéneo de lo habitual para este tipo de encuentros: desde profesionales del sector —entre ellos representantes de la empresa promotora del proyecto en Llíria, The Green Vector— hasta vecinos críticos con la planta. También han asistido el alcalde, Paco Gorrea, y el teniente de alcalde, Joanma Miguel.
“¿Por qué no se habla de Llíria?”
La moderadora ha defendido el enfoque y también el formato: preguntas recogidas previamente a través de un formulario para evitar interrupciones y facilitar un debate más ordenado. “Es una cuestión práctica”, ha venido a explicar, en respuesta a críticas que ya habían circulado en redes y algunos medios.
El sistema ha funcionado a medias. Ha permitido avanzar en la exposición técnica, pero no ha evitado comentarios, murmullos y, en algunos momentos, interrupciones desde una parte del público.
Ciencia, matices… y discrepancias
Durante más de tres horas, los expertos han ido desgranando qué es una planta de biometano y qué implicaciones tiene. Desde la definición más técnica de Xavier Flotats —una instalación industrial que controla la digestión anaerobia de residuos— hasta la distinción entre biogás y biometano o la idea de “valorizar residuos” que ha defendido Ricardo Romaguera.
Pero el interés ha estado en los matices. No ha habido un discurso único. Mientras algunos han insistido en la necesidad de aprovechar residuos y avanzar en la descarbonización, otros han introducido cautelas claras sobre el modelo. Antonio Turiel ha advertido de que se trata de infraestructuras con un fin económico “no necesariamente sostenible”, mientras que Artemi Cerdà ha cuestionado el tamaño de las plantas y los efectos de las economías de escala.
Impactos: qué dice la evidencia
Uno de los bloques más seguidos ha sido el de los impactos ambientales y sobre la salud, una de las principales preocupaciones del debate social, tal y como apuntaban las preguntas formuladas por los asistentes previamente.
Sobre los olores, se ha apuntado a una causa concreta: la sobrecarga de las instalaciones, cuando reciben más residuos de los que pueden gestionar. En cuanto a la salud, se ha insistido en que no existen estudios que documenten afecciones en población cercana, aunque sí incidentes en entornos laborales por fallos de seguridad.
También han salido cuestiones como el tráfico asociado, la gestión del digestato o el papel de la planificación. En este punto, varios ponentes han coincidido: el problema no es tanto la tecnología como cómo se implanta.
El momento en que el coloquio se rompe
La primera persona en abandonar la sala lo ha hecho aproximadamente una hora después del inicio. Una asistente con camiseta contraria a la planta ha abandonado la sala: “Yo me voy, que no puedo aguantar más, me estoy poniendo mala”, ha dicho en voz alta.
No ha sido un caso aislado. Conforme el debate se ha ido enredando, algunas intervenciones desde el público han terminado por romper el ritmo del coloquio. En uno de esos momentos, incluso se ha escuchado un “payasa” dirigido a la organización, mientras otras dos mujeres contrarias a la planta abandonaban el espacio.
Paradójicamente, mientras una parte del público trataba de acaparar el debate y llevarlo al conflicto local, otra —la que había acudido a una jornada técnica— ha optado por levantarse y marcharse antes de que terminara.
Un debate que va más allá del coloquio
Pese a los intentos de reconducir la sesión —y a que la organización ha mantenido la lectura de preguntas hasta el final—, el encuentro ha acabado evidenciando algo que va más allá del biometano en sí: el desconocimiento sobre estas instalaciones, la falta de planificación señalada por algunos expertos y la tensión social que generan ciertos proyectos han estado presentes en todo momento, aunque no formaran parte explícita del programa.
La jornada ha terminado con retraso y con la sensación de que, más allá de las explicaciones técnicas, el debate real sigue fuera de la sala. Y en Llíria, de momento, sigue muy abierto.
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