La Avenida del Oeste. / H. GONZÁLEZValencia cuenta con infinidad de rutas que permiten descubrir o valorar, o ambas circunstancias, sus monumentos más significativos, aquellos que representan su fértil patrimonio. También existen otras sendas urbanas que se centran en episodios del pasado, literatura, cine, hechos de difícil explicación lógica, Santo Cáliz y un larguísimo etcétera. E incluso alguna que recorre comercios históricos.
En este Curioseando Valencia pasearemos por un ejemplo de esta última temática. Para iniciarla, nos situamos frente al enorme panel situado en el exterior de una entrada de aparcamiento ubicada en el barrio de Velluters, y más en concreto en la calle Vinatea, junto a la esquina con Actor Rivelles. En esa rotulación puede leerse el titular Establecimientos emblemáticos y contemplar, en el entorno silueteado del casco histórico, alrededor de una treintena de hitos marcados por un rombo.
Pasos por Velluters
¿Y de qué locales se trata? Respondamos mientras caminamos. No nos desviamos por Actor Rivelles hacia la Avenida del Oeste, sino en dirección contraria, hacia Roger de Flor, que se abre y cierra conforme la atraviesas. En unos tramos se expande el doble de metros a lo ancho que en otros. Pasamos junto a la Misión Evangélica que cada mañana reparte decenas de desayunos frente a un bajo medio camuflado en el interior del cual elaboran comida a base de pasta para llevar y recoger.
Rincones singulares
Avanzamos por Torn del Hospital, donde se abre una plaza que desemboca en la calle Hospital y que, básicamente, está conformada por un solar dedicado, en una porción, a aparcamiento, y por cuatro mesas de pimpón (castellanización de ping-pong) de reciente instalación, y que por fin observo utilizadas. Más que ambas cuestiones, la mirada la atrae un portal sobre el que pende el mensaje ‘Escuadra Mío Cid’, adornado por una espada en cuya empuñadura emergen dos diseños de dragones rojizos. Una tienda de indumentaria tradicional completa el decorado.
Esta zona, junto a la que se ubica un enorme local de recogida de paquetería, se convierte en campamento nocturno, de los cada vez más improvisados que se expanden por las calles del centro de Valencia para mostrar la progresivamente más visible cara de la penuria.
Diálogos y memorias urbanas
Torcemos por la calle Recared, hacia el cogollo de Velluters. Una señora dice a otra (que bien podría ser su madre), “hacer agenda. Memorizarlo”. Son frases sacadas de contexto, porque carezco de él. Desconozco la parte previa de la conversación.
En cambio, me viene a la mente un pequeño diálogo mantenido con una persona que desde hace años se sienta cada día junto a la plaza de toros para pedir ayuda en dinero a quien pasa. Con el inciso de una temporada que se colocó en el pasaje Doctor Serra. Cuando le pregunté por el cambio, me explicó que su espacio habitual resulta más amplio, aunque me matizó que “ningún lugar es bueno para pedir”.
Tras esta digresión la mirada vuelve a posarse en el camino. Caminamos por calle Maldonado y llega L’Angelot, que comienza con una puerta de garaje y se transforma en una plaza teóricamente hexagonal, aunque más parece multiforme, de difícil descripción. Retomamos Recared. Atrás queda la residencia de tercera edad y centro de día Velluters, y a la derecha, la calle del Bany, nombre que proviene de un baño que hubo, siglos atrás, cuando estaba envuelta por la antigua muralla esta zona. Uno más de esos rótulos urbanos anacrónicos que preserva Valencia.
Espacios adaptados para niños
Apenas se observa comercios más allá de una clínica de nutrición, mientras la calle se abre en cruce, o en plaza con Guillem Sorolla. En este lugar destaca la extensa aureola que rodea a un tobogán, en un símbolo que demuestra, pese a la ausencia de ellos, que también ha sido adaptada para niños.
Desvío por la citada Guillem Sorolla, paso por la perpendicular Torn del Hospital y otro local de nutrición. En este caso, de complementos. Y con un horario muy centroeuropeo, con cierre a las 17,30 horas y solo 60 minutos de pausa al mediodía. Más pragmático. En la esquina, un vecino le explica a otro los detalles de “una mujer de compañía” -como la refiere-, que “trabajaba allí” mientras señala hacia las profundidades de Torn del Hospital, en un amplio espacio donde se ubicaba -y ahora sus rescoldos- el conocido como ‘barrio chino’ de Valencia.
Primer establecimiento emblemático de la ruta: Horno de los Desamparados. En una placa instalada junto a su puerta recuerda que representa “tradición des de 1910”. Una peluquería y un local de estética, también cerrados en bajos enfrentados, reflejan los cambios comerciales en la barriada. Como la lavandería El Mercat o el supermercado de nombre impronunciable para un castellano o valencianohablante, casi frente a la farmacia de la doctora Hortigüela Español.
Parada para recopilación de notas en un singular vértice entre Editor Manuel Aguilar y Maldonado. En seguida, el restaurante de lujo L’Odisea, de venta de pescado fresco al peso para cocinar in situ, junto al humilde bar Valencia, que luce barraca y bandera en su rótulo. Y, en su menú, las zapatillas, el sándwich más madrileño que autóctono. En cada mesa, un pensativo y solitario observador de la vida.
Nuevos locales
Aceleramos. Se nos va el Curioseando Valencia en el recorrido que, bien pensado, suele resultar más interesante muchas veces que la meta. Aparece una tartería de las que proliferan por la ciudad junto a un kebab pizzería denominado Nueva York y no Amigo, nombre también cada vez más común en rótulos de estos locales.
Avenida del Oeste. Aquí sí que coexisten varios establecimientos emblemáticos. Prácticamente situados uno frente a otro, cada cual en su acera, la histórica Radio Colón, que da servicio desde 1923, y el horno San Pablo, fundado en 1936 y del que, personalmente, recomiendo su gama de panes o su empanada gallega.
Me llama la atención un rótulo comercial que invade la calle. En lugar de posarse en una fachada, parte de esta para extenderse sobre la acera a lo largo de casi dos metros. Eso sí, al pender a unos tres de altura no golpea cabeza alguna. Anuncia una tienda ubicada en un segundo piso. Este tipo de reclamo sobre los peatones se prodiga en la calle.
Seguimos por Calabazas, en un lateral del Mercado Central. Otro establecimiento emblemático: Lencería Alberolas, abierta en 1923 y con sus escaparates repletos de ropa interior, tanto masculina como femenina. Todo un superviviente. Se ubica junto a una tienda de prendas específicas para moteros y un cajero -el primero que veo- de la pujante Revolut.
Cesterías y riesgos
Como andamos por locales clásicos, seguimos por esta calle para torcer hacia Músico Peydró, conocida por sus clásicas cesterías. El suelo está recién baldeado, lo que significa elevado riesgo de resbalón en una ciudad, Valencia, cuyas calles no están habilitadas para pasearlas con seguridad cuando se mojan.
Después de plaza de la Merced llega el bajo de Rice Paella, local dirigido por los hermanos Montero y que también podría alcanzar el rango de emblemático por su tirón y pese a su corta historia. En el lado contrario, la herboristería tradicional Yerbas Vivas, que ofrece, según explica poéticamente, “hierbas regadas con agua del cielo y recogidas con amor”. Ghanim, tasación y asesoramiento en obras de arte y herencias, viene a continuación.
Comercios especializados
En la cestería El Globo, fundada en el siglo XIX, no encuentro el cartel que sí muestran otros hitos de la ruta. Quizás sea porque toda la fachada exterior se halla cubierta por sillas, caballitos y un sinfín de objetos de madera y mimbre. En la vecina Esga, también del mismo ámbito comercial, un cartel reivindica su artesanía. Lo hace entre una tienda de flores y un local para enmarcar cuadros.
Llegan una platería especializada en reproducciones y detalles personalizados junto a la estrecha calle del Abate y el portal del número 21 con sus azulejos de escenas bucólicas junto al ramal de timbres. JM, tienda de géneros de punto (otra expresión que retrotrae a tiempos pretéritos), muestra su escaparate….
Empalmamos con Adressadors. Emerge el local de Viajes Turia, el de tejidos Fémina, la galería Doctor Robot… A la izquierda, en la perpendicular calle d’Escalona, Belenes Chirivella… Realmente no necesitan un marchamo de antigüedad para reafirmarse como establecimientos emblemáticos. Tampoco la mercería Sobrefil ni Tejidos Marina.
Y aquí lo dejamos. La contemplación del recorrido ha consumido nuestro tiempo y nuestro espacio de redacción en este Curioseando Valencia. La ruta, el repaso a la Valencia histórica comercial que pervive y refulge con su esencia, bien merece recorrer una nueva etapa.
La Avenida del Oesta frente al Mercado Central de Valencia. / H. GONZÁLEZ
Panel de los espacios emblemáticos de Valencia. / H. g.
Calle Roger de Flor. / H. GONZÁLEZ
Calle Vinatea. / H. GONZÁLEZ
Calle Calabazas. / H. GONZÁLEZ
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