—Fueron sentimientos encontrados. Cuando tienes una rutina, cuando has trabajado en el ayuntamiento como si fuera tu propia casa, cuando te conoces cada rincón, cada detalle de lo que está ocurriendo, de repente dices: “ya no tengo que hacerlo, no me tengo que preocupar de ciertas cosas”. Es difícil. En esta legislatura, formamos parte del mismo equipo, con lo cual tenemos que sentarnos y hablar de todo. Esto no es “a partir de hoy no me preocupo de nada”. Al final ahora es continuar, hablar y trabajar para que todo lo que llevamos en marcha salga a la luz. Ya bastantes dificultades tenemos los ayuntamientos para sacar adelante nuestros proyectos.
—Entró en el Ayuntamiento en 1996 como concejala. ¿Qué Marines se encontró entonces y cuál deja ahora?
—En el 96 era concejala en la oposición, nueva, no entendía muy bien lo que pasaba, había actitudes del equipo de gobierno que no me gustaban nada… A mí me ha mandado a fregar más de una persona, y el trato con el alcalde de ese momento era un trato muy machista. Me llamaba “xiqueta” en los plenos. Fue un tiempo de conocer, comprender y aprender cómo funcionaba el ayuntamiento. Además, yo tenía hijos pequeños, y había muchas cosas del pueblo que me preocupaban y no me gustaban. En 1998 me convertí en alcaldesa, una alcaldesa novata, y empecé a cambiar cosas, como el trato con la gente y también con los concejales de la corporación.
Poco a poco, llegamos a 2003 y me encontré con muchísimas deficiencias: un colegio nuevo sin mantenimiento, problemas en urbanizaciones… Hemos conseguido algo muy importante, que es que nuestro pueblo ha sobrevivido a la vorágine de las macrourbanizaciones, que han hecho que se pierda la identidad de pueblo. Hemos crecido de forma progresiva y no hemos perdido nuestra esencia de pueblo, algo que creo que nunca debemos perder.
—Si tuviera que resumir sus 20 años como alcaldesa en tres palabras, ¿cuáles serían?
—La primera, cercanía. Soy una persona muy cercana. Segunda, empatía, porque siempre me pongo en el sitio de la otra persona para saber cómo actuar. Y tercera, trabajadora. No me han importado las horas, he podido estar aquí sola trabajando la mayoría de las tardes y además siempre he compatibilizado el Ayuntamiento con algo: con el instituto en anteriores legisaturas, con la Mancomunidad en dos legislaturas y ahora en la Diputación de Valencia. He dedicado mi tiempo a cambio de la satisfacción personal de que mi pueblo sea siempre un poquito mejor.
—Han sido casi 20 años de pactos, porque solo han gobernado con mayoría absoluta en una legislatura. ¿Cómo es la relación con Compromís ahora?
—Las negociaciones con Compromís fueron muy duras, porque rayaba ya un ataque personal. Cuando en la política se incluyen temas personales, hiere mucho. Es cierto que cuando empezamos a trabajar, dijimos que íbamos a trabajar en equipo y la relación ha sido buena, cordial. Nosotros nunca nos hemos llevado mal con nadie, al revés: todo el que quiera trabajar tiene espacio y hueco para poder trabajar, por eso también hemos facilitado el relevo que acordamos en 2023.
—Con las elecciones de 2027 a la vuelta de la esquina, ¿qué balance puede hacer a día de hoy de porcentaje cumplido del programa electoral?
—Nuestro programa electoral y el de Compromís son muy parecidos, y podemos decir que tenemos en marcha casi todo el programa electoral. Siempre digo que los programas electorales no nacen y se paren en la misma legislatura. Llevamos cosas de la anterior legislatura que se están cumpliendo ahora, cosas que ya hemos puesto en esta legislatura y temas que en estos momentos están gestándose. ¿Por qué? Porque la administración es muy difícil, muy garantista, y eso nos hace lentos en nuestras acciones. Si le sumamos que hemos tenido un retroceso importante en la apuesta de la Generalitat Valenciana por los pueblos, eso nos hace ser más lentos todavía. Uno de los grandes problemas que tenemos los ayuntamientos es el personal. Tenemos muy poco. En este momento hay cinco personas trabajando. Durante los últimos ocho años del Botànic se pusieron en marcha planes de empleo, que venían de fondos europeos, y que nos permitían contratar personal especializado. Teníamos muchos perfiles que ahora han desaparecido. Con lo cual, sacar cualquier licitación o adjudicación nos cuesta la vida. Por tanto, están todos los proyectos en marcha, pero no están en vías de ejecución rápida. Pero esto está pasando no en Marines, sino en todos los ayuntamientos, especialmente los pequeños.
—¿Qué proyectos destacaría de esta legislatura?
—Hay varios, pero yo te diría tres. Uno es la urbanización de El Romeral. Estamos ya en la redacción del proyecto, sabemos que será difícil, pero tenemos que hacerlo, porque es una demanada de los vecinos e histórica. Este prpyecto está muy encauzado. También estamos trabajando ahora en la cubierta de las pistas deportivas. Hemos estado legislatura tras legislatura pidiendo subvenciones y no ha sido posible y, gracias a que Marines no tiene deuda y tenemos un remanente importante, hemos podido hacer con fondos propios este proyecto. Y la tercera pata es que llevamos trabajando toda la legislatura intentando mejorar la accesibilidad tanto en la calle como en los edificios públicos. Y bueno, hemos finalizado también el Plan Edificant para el cole en tiempo récord.
—La pregunta inevitable: ¿revalidará su candidatura para 2027?
—Es una pregunta que me han hecho cada legislatura y yo siempre he dicho lo mismo: nosotros no nos anticipamos tanto en el tiempo. La persona no es lo más importante, lo más importante es el grupo, el equipo y las ideas. Es un tema que no hemos tratado todavía y valoraremos cuál es la mejor opción para que Marines siga siendo de izquierdas, progresista y socialista. Tenemos todavía tiempo para decidir qué persona será la que liderará el nuevo equipo. No tenemos una inquietud palpable en eso.
—En 2023 dejó la Mancomunidad y en 2025 la Secretaría General del PSPV en el Camp de Túria, ¿diría que ha ido “soltando” responsabilidades?
—Igual que llevo tanto tiempo en el Ayuntamiento, llevo tanto tiempo vinculada al partido a nivel comarcal y a la Mancomunidad estas dos últimas legislaturas. Dos legislaturas que han sido muy potentes. Mi tiempo se ha absorbido para no dedicarme a nada más. Es difícil cuando cada uno tiene una sensibilidad y una ideología diferente, y todo lo que hemos conseguido me ha costado un esfuerzo personal muy importante. Por mi salud mental necesitaba soltar lastre y dedicarme a lo que me gusta, que es el Ayuntamiento y la Diputación, que me ayuda tambián a abrir ese espectro y a pelear por los pueblos y por esa financiación que están reclamando todos los ayuntamientos. También estoy en la ejecutiva provincial. He pasado de la comarca a la provincia, y a Marines, porque siempre estaré en Marines.
—¿Cómo ve el panorama político, después de los resultados en Aragón?
—Estamos viviendo momentos muy difíciles. Mucha gente no se da cuenta de que los derechos se consiguen y se mantienen luchando por ellos. Hoy hay una sensación de que esos derechos están garantizados para siempre y que no hay que pelear por ellos. Se piensa que ya están conseguidos y que no pueden retroceder, y eso nos coloca en un momento complicado. Veo que en la juventud se refleja esta mentalidad. Antes los niños soñaban con ser médicos, maestros, futbolistas… ahora muchos solo quieren no trabajar y ganar dinero. Y, al mismo tiempo, hay influencers —personas que viven en paraísos fiscales o que banalizan los derechos conseguidos como la sanidad o la educación— que están normalizando esta visión. Esto demuestra un problema profundo de educación y de transmisión de valores desde casa y desde la escuela. Y, lamentablemente, como políticos, muchas veces no ayudamos a reconducirlo; hemos perdido el respeto incluso entre nosotros mismos, y cuando eso ocurre, también perdemos la confianza de la sociedad. Me preocupa que podamos tener que tocar fondo para recuperar el rumbo.
—Para finalizar, ¿qué le diría hoy a la Lola Celda que entró en el Ayuntamiento en 1996?
—Que trabajar por los demás vale la pena. La satisfacción personal que tengo cuando paso por la escoleta infantil y veo que hay 40 niños con sus papás y mamás detrás —yo que soy mujer y que he tenido tantas dificultades para conciliar— o cuando voy al centro de los mayores, que nos costó la vida poder sacar adelante con fondos europeos, y los veo haciendo actividades y pidiéndome más. Eso me da satisfacción, junto con todo el trabajo que hemos hecho. Estoy realmente satisfecha e insatisfecha, porque me queda mucho por hacer. Cuando yo entré faltaban muchas cosas.