Era el año 1976, los músicos de Casinos, ya tenían experiencia en la actividad y horarios falleros. La Banda se partía en dos y unos músicos tocaban en la Falla de la Merced (en el mismo centro de Valencia) y otros en la Falla de Cuba-Puerto Rico.
A los provincianos, nos encantaba estar los días de fallas por el centro de la ciudad, cuando oíamos a nuestra banda que pasaba a recoger un premio, la identificábamos enseguida, por el sonido tan distinguido de los clarinetes y porque D. Amador, iba repartiendo simpatía y saludos por los lugares que desfilaba y era aplaudido, particularmente las mañanas de las entregas de los premios que otorgaba la Junta Central Fallera,
Aquello años, no teníamos teléfonos móviles, y los fijos estaban lejos de nosotros, alguna cabina desperdigada por el centro y con acompañamiento de petardos, Aunque veíamos de un pueblo pequeño, posiblemente mas pobre que los de otros amigos o compañeros de curso o de otros centros de enseñanza,eramos conocedores de tener un espíritu rico, y que teníamos que encontrarnos a las dos menos cuarto de la tarde a la puerta del Teatro Rialto, a lado del Ateneo Mercantil, para coger un buen sitio y disfrutar de la mascletá.
Y así sucedió aquellas fallas y otras muchas después, el Rialto era de Casinos, de Villar del Arzobispo, de Alginet, de Carlet, de Chelva o de Liria y cuando sonaba el segundo aviso tomábamos posiciones para estar lo mas cerca de la pólvora. Convirtiéndonos en auténticos críticos de las pirotecnias que disparaban. Aquello era conocer al dedillo todas las explosiones de truenos y morteros y por si fuera poco aun llevábamos cohetes borrachos, para animar la fiesta en la plaza.
No habían vallas de contención, no discutíamos con nadie, llegando a las dos menos cuarto, teníamos el palco VIP a pie de suelo asegurado, Unos venían del Corte Ingles de comprar el regalo del padre, otros llegaban justos del pasacalle con la gorra de plato y la Lira musical, pero la cita era correcta y se mantenía día tras día y año tras año. Nadie nos impedía la entrada,
Una vez acababa la mascleta, nos íbamos a la Cafetería Ascot o a San Patricio, a la parte de enfrente a tomar las papas y una cerveza o martini, que con menos de veinticinco pesetas saldábamos el estipendio. ¡Que ricos éramos y no lo sabíamos!Pero la cita era a la dos menos cuarto y podíamos llegar,
Esta mañana paseando por ese gran anfiteatro que es la plaza del Ayuntamiento y me la encuentro llena de vallas amarillas; a las 12 de la mañana tomando sitio detrás de las vallas, aguantando un sol de misericordia y las charangas poniendo música e la plaza. La plaza tiene la mitad del aforo que tenia, las mascletas disparadas con ordenador, los hierros no nos dejan ver los petardos, y media plaza vacía para proteger al espectador y por si fuera poco, calles de entrada y salida cortadas a los peatones, por si nos da un “ataquet”,,,
¿Hemos ganado o hemos perdido en estos cincuenta años? Yo prefiero a las dos menos cuarto en el Rialto, teníamos tiempo para todo, para ir al cine, para visitar las discotecas “Brujas” creo que se llamaba una que estaba al lado del Hotel Astoria, y si no cerrábamos la tarde en el Centro Asturiano, donde se hacían unos bailes dignos de ser visitados, con entrada libre.
Y entre baile y baile nos asomábamos a ver la ofrenda, las Bandas de Música y las Falleras, ¡Que organizados estábamos! Como circulábamos por la ciudad, los autobuses: el 28, el 60, el 6 o el 16 nos acercaba puntualmente a nuestros destinos, pudiendo estar a la hora prevista en el centro de Valencia.
Habría que revisar esos aforos y conseguir esa aproximación valenciana, nuestra sangre es pólvora, nuestra fiesta es fuego, no tenemos miedo a los petardos, es nuestra tarjeta de presentación y el tiempo vale dinero, estamos muchas horas deambulando por la calle para pillar un mal sitio, cuando hace cincuenta años nos encontrábamos “A les dos menys quart en el Rialto”. Aquellas eran nuestras fallas, eran de nuestra propiedad porque abríamos y cerrábamos Valencia, teniendo tiempo para todo, hasta para ir a bailar a los casales “Yo sin ti, moriré.... Yo sin ti moriré...” Teníamos quince o dieciséis años... !Que recuerdos!
No te olvides para mañana: “A les dos menys quart en el Rialto”.
José Salvador Murgui Soriano.
Cronista Oficial de Casinos.
Académico Correspondiente de la Sección de Cronistas Oficiales de la R.A.C.V.
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